En la localidad de Rosarno, Italia, los ciudadanos (por llamarlos de algún modo) han arremetido violentamente contra los inmigrantes africanos que residen en esa ciudad, algunos de los cuales han resultado gravemente heridos.
Lo cierto es que miles de personas de color, provenientes de distintos lugares de África, y llegan a ésta localidad a trabajar en la temporada de la naranja; según las fuentes consultadas, alrededor de 2.500 de éstos trabajadores habitaban en Rosarno, hacinados, viviendo en pésimas condiciones, mal nutridos y contando con apenas 6 baños químicos para tal cantidad de personas. Aparentemente, el fin de semana último, los habitantes de la localidad calabresa, se cansaron de vivir entre “negros”; según ellos, ese fue el motivo por el que decidieron echar a todos los inmigrantes de color que se encuentren en la ciudad, y no encontraron otra mejor manera de hacerlo que a través de palos, golpes, y armas de aire comprimido.
No tienen idea de cómo me gustaría que dejasen de existir cosas como éstas. Cada vez que me entero algo semejante, es como si se lo hicieran a un hermano. Yo no soy africano, y tampoco inmigrante de ninguna clase, sin embargo, yo también he sido señalado con un dedo acusador tratando de hacerme creer que ser “negro” es un defecto. Toda mi vida luché (y aún lo sigo haciendo) contra los malditos racistas que caminan por la calle con la frente altiva, como si el ser caucásicos o arios, los pusiera un peldaño más arriba de la raza humana.
Dios quiera que éstos fervientes defensores de Rosarno, tan preocupados por el bienestar de su gente, pueda desterrar, de una vez y para siempre a la Ndrangheta, que tanto mal y tanto sufrimiento le ha causado a la población calabresa. Ruego porque la vehemencia con la que defienden sus “derechos” ante los “negros”, sea igualmente apasionada para detener el accionar criminal de la mafia…
Desde aquí, un abrazo gigante para todos los negros del mundo, loco… Somos muchos, y somos una masa…